Comer low cost en los viajes

essaouira

Si queremos ahorrar en nuestros viajes, ya sea porque no disponemos de mucho presupuesto, porque queremos estar el máximo tiempo de aventura o, sencillamente, porque nos gusta el tipo de viaje low cost; tenemos que tener en cuenta lo que gastaremos en comer.

Puede que estemos acostumbrados a realizar tres o cuatro comidas diarias (desayuno, almuerzo, merienda y cena). Cambiando los hábitos podríamos fusionar varias comidas. Por ejemplo, comiendo entre las seis y las ocho de la tarde, como tienen la costumbre de hacer en algunos países, nos ahorraríamos la cena.

Cambiar los horarios alimenticios es una opción para economizar la comida, aunque seguramente a muchos no os hará ni pizca de gracia. Cambiemos o no los hábitos, lo que está claro es que si vamos a restaurantes caros, ni aunque comamos solo un plato al día estaremos ahorrando. Pero, ¿dónde podemos comer low cost en los viajes?

En muchos casos, depende del país en el que nos encontremos. Pero, prácticamente en la mayoría de ciudades del planeta, los establecimientos más baratos para comer se encuentran en los lugares menos turísticos. Una buena opción podrían ser los restaurantes típicos, que se vea que son de toda la vida, en barrios de la periferia.

Más económicos aún son los puestos callejeros. Comidas tradicionales, pinchos morunos, perritos calientes, kebabs, sandwich, etc. Por supuesto, cuanto menos turística sea la zona donde se halle el puesto callejero, más bajos serán los precios.

¿Y si cocinamos nosotros mismos? En mi opinión, la mejor elección si nos alojamos en hostels donde tendremos una cocina y todos los utensilios para preparar la comida, o si disponemos de un hornillo de gas. En cualquiera de los dos casos, lo único que necesitamos es comprar la comida. Aquí depende mucho lo que compremos y dónde lo hagamos. Gastaremos el mínimo en comida si realizamos las compras en mercados o supermercados, y nos conformamos con lo básico: pasta, arroz, legumbres…

Hornillo

Cocinando macarrones con un hornillo de gas en plena calle

Lo bueno de los hostels es que, generalmente, hay sal y aceite, por lo que no tendremos que comprar. Incluso me he llegado a encontrar comida gratis en la nevera. Cuencos llenos de arroz, burritos recién hechos, leche… todos con una pegatina en la que viene escrita la palabra “Free” (gratis), posiblemente, de inquilinos que les ha sobrado comida.

El hornillo es bastante práctico, pero también tiene algún que otro inconveniente. Además de tener que llevarlo en el equipaje, el gas hay que recargarlo cuando se vacía. Según mi experiencia, una botella de 0,4 kg de butano, cocinando dos veces todos los días, dura casi un mes entero. Al menos, la mítica marca Campingaz, dispone de botellas de gas que cuando se nos gastan se pueden cambiar por otras llenas en cientos de ciudades de todo el mundo. Incluye un mapa para localizar los puntos donde se podría recargar el gas. Los precios del recambio se mueven entre los 5 y los 7 euros, según el país donde lo compremos. ¡Ojo! En una tienda especializada en aventura y deporte quisieron cobrarme 50 euros por el recambio. Mejor en supermercados, gasolineras o campings.

¿Y comer gratis es posible? La verdad es que si. Actualmente, en este mundo de las tecnologías e Internet, no podía faltar una red social para compartir comida. Consiste, sencillamente, en usuarios que se ofrecen de forma voluntaria a cocinar para otros usuarios. En algunos casos, se requiere de un pequeño pago, normalmente para compartir los gastos de la comida entre todos. Pero otras veces, el plato es totalmente gratuito. El cocinero puede tener cientos de razones para invitarte a comer a su casa: amor al arte (culinario), compañía, conocer viajeros…

Como vemos, si queremos economizar nuestros viajes low cost para poder reducirnos a nuestro presupuesto, podemos hacerlo de tal manera que con 100 euros al mes en comida tengamos más que suficiente. Eso sin contar que podríamos llegar a no gastar ni un duro a través de la red social descrita o mediante otros recursos, como trabajar por la comida. Por ejemplo, fregando los platos.